La atracción física es el inicio de la experiencia del amor, pero el construirla sobre ésta es semejante a una construcción fincada sobre arena.
Toda construcción necesita cimientos sólidos para ser edificada. Hemos escuchado el dicho tan popular: "de la vista nace el amor", y tiene mucho de verdad, ya que es muy difícil amar lo que no conocemos. El primer encuentro es el momento en el que dos mundos totalmente desconocidos se cruzan, y al igual que existe la fuerza de gravedad en el cosmos, se presenta en nuestra realidad la necesidad de escudriñar lo desconocido, porque existe un "algo" que nos pide hacerlo: la atracción física.
Pero, ¿qué es aquello que te hace experimentar emociones incomprensibles, sensaciones antes desconocidas?, se agita la respiración, aumenta el nivel de sudoración, el ritmo cardiaco se acelera y percibes claros síntomas de nerviosismo con el sólo hecho de ver a esa persona.
Todos alguna vez, hemos comentado acerca de alguien que nos atrae: "Tiene un no sé que, que me llama la atención" y escuchas comentarios como "Yo no sé que le ves", y tal vez ¡ni tu lo sepas!... eso es la atracción; es algo que no decides, sino que surge espontáneamente.
Tal vez algo en particular de su físico te agrada, sus movimientos, algunos gestos, su porte, etc., que funcionan como la carnada en el anzuelo que te pide que te acerques para adentrarte a una dimensión hasta ese momento desconocida, sales de la dimensión del "yo", para ingresar a la dimensión del "tú", y decidir si las dos se fusionan para llegar a una nueva dimensión, la del "nosotros".
La atracción es importante, pero no es lo fundamental; si una relación sólo se basa en este aspecto es fácil augurarle un seguro fracaso. Por ello hay que darle sólo la importancia que verdaderamente tiene: es la carnada y no el anzuelo.
Pero, ¿cómo saber si estoy considerando la atracción como lo fundamental para una nueva relación?
Si sólo centras tu interés en el físico de la persona y deseas establecer una relación rápida, inmediata sin muchas consideraciones de la situación, es decir, sin dar la importancia necesaria en la compatibilidad de caracteres, las circunstancias personales de ambos, inclusive las experiencias agradables y desagradables, hasta cierto punto convirtiéndose en una obsesión el establecer una relación con dicha persona, puedes estar segura(o) que la atracción está dominándote, y no tu a ella.
Si lo que te mueve a conocer su mundo es la envoltura, sin escudriñar más a profundidad sus cualidades y virtudes para encontrar el verdadero valor en dicha persona, estarás construyendo una finca endeble, que al primer ventarrón se va a desmoronar.
Comentaba Mercedes Arzú de Wilson: "El amor entre dos personas emerge de la atracción física en un principio. Del plano físico va transitando al psicológico y de éste, al espiritual. El verdadero amor difícilmente podría surgir en un único instante ya que es el fruto del trato y del conocimiento mutuo que se va dando entre dos personas que han dispuesto sus vidas por común acuerdo para compartir lo que podríamos llamar un "proceso de enamoramiento" y, como su nombre lo dice, no se da en el aquí y el ahora, sino a través del tiempo y del trato entre dos seres humanos que consideran que pueden llegar a tener algo en común y poseen ambos la disponibilidad para conocerse más profundamente, y quizá entonces y solo entonces, llegar a quererse".
La atracción es el inicio de un paseo al que los invita la vida, sólo con el tiempo, la convivencia e interacción podrán descubrir si se convierten en compañeros que unen esfuerzos para la edificación de una estructura firme.